FRANCISCO GARCÍA CALDERÓN

En París publicó Francisco García Calderón [Valparaíso, 1883-1953] Le Pérou contemporaine: étude sociale [1907] considerado, por la penetración de sus juicios, el primer ensayo de interpretación sociológica de la realidad peruana. Las democracias de América Latina, publicado originalmente en francés [1912] con un prólogo de Raymond Poincaré, fue traducido al inglés: Latin Amerique: It Rise and Progress [Londres, 1913] y al alemán: Die Lateinischen Demokratien Amerikas [Leipzig, 1913], pero conoció la versión española sólo en 1979.

Su contenido está distribuido en siete libros y una conclusión: el libro primero estudia los caracteres de la raza que hizo la conquista y traza los lineamientos de la historia de los pueblos latinoamericanos desde los tiempos cuando florecieron las sociedades nativas; el segundo, tercero y cuarto, la función que han desempeñado los caudillos en el desarrollo político de Venezuela, Perú, Bolivia, Uruguay y Argentina; el imperio del principio de autoridad en la organización estatal de México, Chile, Brasil y Paraguay; la influencia de las tendencias conservadoras, de inspiración religiosa, en Colombia y Ecuador; los problemas de estabilización y unificación política de las naciones Centroamericanas y del Caribe. El libro quinto ofrece un panorama de la evolución intelectual en capítulos dedicados a las ideas políticas, sociales, filosóficas y la literatura. El libro siguiente, luego de plantearse el problema de si los americanos del sur somos de raza latina, el autor llama la atención sobre los peligros que amenazan el desenvolvimiento autónomo de América Latina, vinculados a la expansión imperial de Alemania, Estados Unidos y Japón. El último libro analiza los problemas raciales, políticos, económicos y de unificación que afectan a nuestras naciones. En la conclusión examina el camino que más conviene a la acción que los países extraños a nuestra cultura ejercen sobre ella , y las funciones que esa comunidad de naciones está llamada a desempeñar en el renacimiento de la «raza latina».

García Calderón defiende la tesis de los gobiernos fuertes y de élite, elogiando a sus representantes más conspicuos como Porfirio Díaz, Diego Portales, Manuel Prado, Andrés de Santa Cruz y justifica, de alguna manera, a García Moreno y a Rosas. Contradiciendo a Sarmiento, encuentra en la «barbarie» nuestro nacimiento como naciones con características peculiares. Como los condotieros que levantaron las modernas ciudades italianas, nuestros cultos dictadores positivistas del siglo pasado habrían creado las bases de nuestra nacionalidad. En La creación de un continente habla del «milagro americano» que gracias a la acción conjunta del paisaje y cultura producirían en el hombre latinoamericano un nuevo tipo de solidaridad. El mestizaje y su cultura ofrecerían un nuevo ejemplar humano digno de la consigna «América para la humanidad».

Sus dos obras siguen en parte las tesis de Rodó pero contaminadas por las ideas racistas de los llamados organistas sociales a lo Gustave Le Bon. No hace sin embargo de la sicología racial el centro de sus ensayos, pero el «problema racial» medula sus tesis. No le importaba saber si el elemento europeo de nuestras culturas era inferior o superior, sino si las fuerzas culturales impuestas o elegidas podían crear una unidad y levantar nuevas naciones distintas a los estados conocidos entonces en las culturas europeas.

¿Es posible -se pregunta- la formación de una conciencia nacional en medio de elementos tan dispares? ¿Es posible que democracias de naturaleza tan heterogénea resistan la invasión de razas superiores? […] ¿La mezcla de razas de Sudamérica es completamente incapaz de alcanzar la cultura y la organización?

García Calderón creyó que el mestizo americano era superior al mestizo europeo. A la «purificación de la raza» mediante el mestizaje atribuye los «progresos» de Argentina, Uruguay y Chile y a la ausencia de mestizos, los fracasos de Centroamérica. Pero su concepto de raza muchas veces se convierte en los caracteres de la nueva cultura. «Hay una civilización latina; un ánimo latino; no hay raza latina» dice en Le Pérou contemporain. Son las fuerzas culturales las que pueden crear y modificar los individuos y las naciones. A pesar de haber sido, como muchos latinoamericanos de entonces, un europeizante, fue uno de los primeros en reconocer que había que sentir y estudiar, para lograr comprender nuestro destino, el pasado obliterado por la conquista.

Véase Alfredo Canepa: Evocación de Francisco García Calderón, en La Prensa, Lima, 28 de julio de 1977. Benjamín Carrión: Los creadores de la nueva América, Madrid, 1928. Gonzalo París: Francisco García Calderón, en Cultura, Bogotá, 1917. José Carlos Mariátegui: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, 1925. Mario Vargas Llosa: Francisco García Calderón, en Cultura Peruana, nº 97/98, Lima, 1956. Martín Stabb: América Latina en busca de una identidad, Caracas, 1969. Rubén Darío: Don Francisco García Calderón, en Mundial. París, Vol. II, n°9-12, 1912.

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